
Por Corina Tulbure
Marija Djurdjevich, llegó a Barcelona con 26 años huyendo de la guerra de los Balcanes. Le ayudó a salir del país un periodista de Catalunya Ràdio con el que trabajaba de intérprete durante la guerra. Aterrizó en 1995 en una Barcelona espléndida, llena de vida y futuro. Su plan era continuar sus estudios en Cataluña mientras se estabilizaba la situación en su país y cambiaba el régimen político. “Me matriculé en el Doctorado en Humanidades, aunque no sabía cómo sobreviviría porque ni tenía trabajo ni podía trabajar de forma legal y, además, no conocía a nadie”.
¿Cuáles son las experiencias o personas que te han marcado?
Los primeros años fueron duros. Mi país destrozado y bañado en sangre ocupaba a los principales titulares de la prensa, y la televisión estaba llena de imágenes terribles. En Barcelona, en medio del bombardeo mediático, me encontraba rodeada aún de mayor violencia que en mi país de origen, Serbia. Yo sólo quería desaparecer entre las masas y pasar desapercibida, ser una persona más entre la gente, vivir tranquila y hacer amigos sin la obligación de responder a tantas preguntas (que vivía como puñaladas) y sin la escalofriante carga de hacer análisis político y geoestratégico para despejar las dinámicas de la guerra cada vez que abría la boca. La gente de aquí a menudo me identificaba con aquello de lo que había huido y me trataba como responsable de la guerra… A esta violencia psicológica se sumaba la violencia administrativa – el no reconocimiento del derecho a residir, trabajar, ir al médico (las infecciones recurrentes del oído no curadas han marcado mi salud para siempre) – y los procesos muy largos de convalidación de los estudios – tardé diez años en conseguir la convalidación del título universitario. No sé cómo pude aguantar todo aquello. Sin embargo, persistía en mi visión y me dedicaba a desmontar los estereotipos, y finalmente obtuve una beca de cuatro años para los estudios de doctorado. De camino, también conocí a algunas personas con sensibilidad y conocimientos extraordinarios, como un profesor de filosofía de la UAB y su mujer. Ellos me apoyaron en los momentos más difíciles.
Fundas la Casa del Este en 2004. ¿Nos podrías hablar sobre la experiencia de la organización y qué se hacía con ella?
En 2004 se inició el proceso de la ampliación europea hacia el este con la entrada de diez países nuevos en la UE: Polonia, República Checa, Eslovaquia, Hungría, etc. y queríamos organizar el talento de estos países en Cataluña para promover iniciativas de cooperación educativa, comercial y cultural. La Generalitat de Catalunya subvencionó algunos proyectos, y fueron años muy fructuosos y lindos de conocimiento mutuo, diálogo intercultural, intercambios de memoria histórica y debates sobre el presente y el futuro de Europa y la identidad/diversidad europea en un montón de eventos que organizamos junto con diversas entidades catalanas: exposiciones, presentaciones y traducciones de obras literarias, mesas redondas, festivales de cine… También diseñamos e impartimos cursos académicos sobre los retos sociales de la ampliación, así como módulos formativos para técnicos de ayuntamientos que contextualizaban la inmigración de Europa del Este. La red creada en esos años sirve hoy para promover la participación conjunta en proyectos europeos.

Después trabajaste como investigadora en un proyecto sobre parejas…
Sí, en la Universidad Rovira i Virgili (URV) participé en una serie de proyectos de investigación sobre matrimonios y parejas binacionales donde un miembro de la pareja es extranjero o extranjera (migrante por amor). Estudiamos las motivaciones, razones, preferencias y medios usados para buscar pareja y sus vivencias cotidianas: retos de las familias transnacionales, conflictos interculturales… Hemos descubierto que las geografías del amor no son las mismas en el caso de mujeres y hombres catalanes. Los hombres catalanes prefieren a mujeres de América Latina y Europa del Este, mientras que las mujeres catalanas prefieren a hombres de África e India. Fue interesante el caso de los matrimonios entre españoles y mujeres del este: ellas justifican su proyecto migratorio con la búsqueda de un compañero «menos machista y más considerado que los hombres del este», mientras ellos buscan a una mujer extranjera con la que reproducir las relaciones de género de antaño, «porque las mujeres de aquí se han emancipado demasiado rápido». También hemos encontrado a mujeres del este inicialmente entusiasmadas con el papel de «quedarse en casa» después de décadas de trabajo muy duro en la industria, sin tiempo para dedicar a la familia. Pasado el entusiasmo inicial, muchas han vuelto a buscar la independencia económica y han desarrollado unas estrategias transnacionales de cuidado ingeniosas contando con las nuevas tecnologías, como el cuidado de los nietos por parte de las abuelas a través de Skype.
¿Crees que se conoce la Europa del Este aquí? Aunque, hasta cierto punto, sólo es una identificación geográfica porque engloba una diversidad de países, idiomas, con pasados diferentes.
La Europa del Este se conoce muy poco y se imagina como un espacio homogéneo y subdesarrollado. El único referente es el comunismo (y de éste, el gulag) como si antes no hubiera nada y después tampoco. La Europa neolítica de la cuenca del Danubio, la Europa greco-bizantina o la ciencia moderna que proviene del este son casi desconocidas, aunque su contribución a la construcción de la singularidad europea fue substancial. La visión de la Europa del Este está todavía influida por el discurso orientalista, que la dibuja como una amenaza para el bienestar de la Europa Occidental. Sin embargo, la imagen mejora cuando los países del este se promocionan como zonas de consumo turístico o lugares donde realizar negocios o transferir conocimientos. Es cuando se invoca alguna imagen positiva, alguna figura aislada perteneciente al mundo de la literatura, el pensamiento o el ballet clásico.
¿Crees que los ciudadanos y ciudadanas de Europa del Este viven discriminación en Europa?
Depende de qué lugar de la UE. Hay zonas tradicionalmente pluriculturales y plurilingües como Europa Central (Austria), donde la gente del este y el oeste ha convivido durante siglos. Aquí es diferente, estamos situados en el extremo suroccidental de Europa. Los europeos del este originarios de los países pertenecientes a la UE tienen asegurados los derechos básicos al igual que el resto de ciudadanos europeos. Sin embargo, sufren marginalización porque vivimos en un mundo competitivo y existe la crisis económica. Y también porque con la globalización, la impuesta homogeneización cultural ha provocado una reacción contraria – la resistencia y potenciación de lo particular y singular, lo nacional – que muchas veces ve en la inmigración un peligro para la cultura y la forma de vivir local . Sin embargo, la persona inmigrante no es culpable ni responsable ni de la globalización ni de las crisis económicas. A veces incluso es víctima de un engaño debido a la construcción de la imagen demasiado buena, un estereotipo demasiado positivo, de la vida regulada y próspera en Occidente, y la realidad tampoco es así.