
Por Sílvia Gunther Bonet
People Help, Amnistía Internacional Catalunya (AIC) y PEN Català organizaron el jueves 11 de diciembre un acto en el centro Lluïsos de Gràcia para dar visibilidad y escuchar los testimonios de mujeres afganas que viven o han huido de la discriminación y el recorte masivo de derechos humanos bajo el régimen talibán.
Desde el retorno de los talibanes al poder, en agosto del 2021, ha aumentado la violación sistemática de derechos humanos en Afganistán, principalmente contra las mujeres y las niñas, que sufren lo que organizaciones civiles e internacionales ya tildan de apartheid de género. Por el simple hecho de ser mujeres se les prohíben las libertades y los derechos más básicos: no pueden estudiar ni trabajar, circular o expresarse libremente, entre otras muchas prohibiciones que completan la “ley talibana para prevenir el vicio y preservar la virtud”. Una ley que las deja, literalmente, sin voz.
Para dar voz a las mujeres afganas y denunciar esta situación inhumana, People Help (PH), Amnistía Internacional Cataluña (AIC) y PEN Català, organizaron el acto “Las mujeres afganas rompemos el silencio”, con la colaboración de la asociación cultural Lluïsos de Gràcia, que cedió el espacio donde se reunieron más de un centenar de persones.
El acto contó con la presencia de dos mujeres afganas, la periodista Khadija Amin y la escritora Zainab S., que aportaron su testimonio de persecución y exilio. Dos vidas de represión, lucha y resistencia.

Activismo y movilización contra el apartheid de género
El acto empezó con la bienvenida por parte de las representantes de las tres entidades organizadoras. Mónica Moya, presidenta de People Help, leyó una larga lista de nombres de mujeres y de los abusos y crímenes a los cuales han sido sometidas, denunciando la violencia de género estructural que ejerce el régimen de los talibanes. La coordinadora de AIC, Sabina Puig, instó a la movilización y el activismo, “cada vez más necesarios para combatir los discursos de odio y los movimientos anti derechos humanos emergentes en todo el mundo”. Gemma Rodríguez, directora del PEN Català, explicó en que consiste el programa Escriptor Acollit (escritor acogido), que permite acoger durante dos años a un escritor o escritora amenazada en su país.
La voz de las mujeres afganas
La proyección de un impactante video de People Help ofreció el contexto histórico de Afganistán y otros testimonios de mujeres y niñas en la clandestinidad o el exilio. Por ejemplo, el de Muzhda B., de trece años, recientemente deportada a Afganistán donde no podrá continuar estudiando, como hacía en Pakistán con la beca del Proyecto Escuelas de People Help. Farzaneh Tariq, en cambio, agradece haber empezado una nueva vida en Barcelona, donde estudia tercero de Medicina, una situación imposible en su país.
El video dio paso a la mesa de debate, moderada por el periodista Oriol Andrés y enfocada en la actual supresión de derechos a las mujeres y las consecuencias de la transgresión de las leyes y normas talibanas: torturas, pena de muerte, maltrato y castigos físicos, entre otros. Intervinieron Khadija Amin, periodista; Zeinab S., escritora; Sílvia Sala, abogada y vicepresidenta de People Help, y Beatriz Martos, responsable de campañas de derechos de las mujeres de Amnistía Internacional.

Khadija Amin es periodista y presidenta de la organización Esperanza de Libertad, que ofrece apoyo económico mediante la venta de productos fuera de Afganistán para incentivar clandestinamente la autonomía de las mujeres que viven en este país. Amin trabajaba en la televisión afgana hasta el 15 de agosto de 2021 cuando el retorno de los talibanes la obligó a huir para sobrevivir. Activista incansable aprovecha todas las ocasiones para denunciar la situación de sus compatriotas. Reclama el apoyo de los hombres afganos en la lucha contra los talibanes y la liberación de las mujeres en Afganistán. “La colaboración masculina es indispensable, por ejemplo, para que los padres permitan a las hijas ir a las escuelas clandestinas”, reconoce, aunque lamenta el riesgo implícito que esto supone, ya que “si el hombre es arrestado, la familia no puede sobrevivir en un régimen que no permite trabajar a las mujeres”.
Zainab S. es escritora. A pesar de la inseguridad que todavía le provoca su reciente llegada, Zeinab decidió mostrarse al público con la cara descubierta. El suyo es un pasado de abusos y miedo. Gracias a su oficio de escritora consiguió el apoyo del programa Escriptor Acollit del PEN Català y con la ayuda de la red que People Help tiene en Pakistán, ha conseguido atravesar fronteras y empezar una nueva vida. No quiere volver a Afganistán, aunque se vayan los talibanes, porque “las mujeres nunca han tenido todos los derechos y libertades en mi país, ni ahora con los talibanes, ni antes”, asegura.
La vicepresidenta de People Help, Sílvia Sala, remarcó el interminable proceso que supone para muchas mujeres afganas solicitar asilo y refugio en el Estado español. Las leyes internacionales, explicó Sala, reconocen la extrema vulnerabilidad de las mujeres afganas y, solo por eso, tendrían que obtener asilo inmediato en países de la UE. Pero esto no pasa y los casos caen en el olvido institucional y administrativo de Europa y el mundo. “Muchas acaban siendo deportadas a Afganistán con el riesgo que esto supone para sus vidas”, lamentó.
Beatriz Martos, responsable de las campañas de mujeres de AI, denunció la carencia de voluntad política e institucional de la comunidad internacional ante la actual situación de las mujeres afganas, así como el desinterés mediático. Martos destacó el trabajo conjunto con otras organizaciones para conseguir que el apartheid de género sea tipificado como crimen internacional contra los derechos humanos, y favorecer la persecución de los responsables y la rendición de cuentas.
El derecho a la salud y el acceso a los servicios sanitarios fue uno de los últimos temas abordados. En Afganistán las mujeres no pueden ser atendidas por médicos hombres y muchas profesionales sanitarias han huido. Esta situación, junto con la prohibición de estudiar que tienen las mujeres jóvenes, dibuja un futuro inquietante sin mujeres médicas ni enfermeras.
El acto se cerró con una fotografía conjunta de los y las asistentes con carteles con mensajes como «mujer», «derechos humanos» «libertad», «justicia», «igualdad», «rompamos el silencio» y «no a la opresión de género».
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