
Por Sonia Moya
Diputada del Movimiento Renovador Sandinista (MRS) hasta su expulsión de la Asamblea Nacional de Nicaragua en 2016, activista de derechos humanos, economista y politóloga es una de las 452 personas “desnacionalizadas” por el régimen de Ortega-Murillo que optaron por la nacionalidad española ofrecida por el gobierno español. Actualmente coordina la Taula Catalana pels Drets Humans i la Pau a l’Amèrica Central.
¿Cuándo tuviste que abandonar tu país?
Estoy exiliada desde 2018 y fui desnacionalizada el año 2023 bajo el cargo de “traidora a la patria” junto a otras 452 personas. Se nos aplicó lo que se denomina muerte civil: sin patria, sin ningún tipo de certificado, ni el de nacimiento, los bienes expropiados, sin derechos de ningún tipo, ni civiles, ni políticos, ni económicos, ni culturales. Tengo invalidados mis títulos académicos, las cuentas bancarias están bloqueadas… Y, evidentemente, todo esto repercute en la familia.
…Y así llegaste a Catalunya.
Catalunya es mi segundo refugio. Actualmente, coordino la Taula Catalana pels Drets Humans i la Pau a l’Amèrica Central, que es una plataforma conformada por 20 organizaciones de la sociedad civil catalana que tienen una larga trayectoria de cooperación y de solidaridad con Centroamérica, algunas de ellas con más de 40 años de historia y de vínculos muy, muy cercanos.
¿Cómo se configura una plataforma que engloba cinco países tan distintos como los centroamericanos?
La formación de la Taula per Centroamérica es muy similar a la de la Taula per Colombia y de la Taula per Mèxic. Y, efectivamente, tiene un grado de complejidad en el sentido de que las anteriores trabajan con un único país y nosotros trabajamos una región que, aunque tenga características comunes, tiene una infraestructura institucional distinta, el grado de fragilidad de la democracia también es distinto, los niveles de riesgo para la sociedad civil y para las personas defensoras de Derechos Humanos también es distinto y eso es complejo. Hay que ir configurando una apuesta por la solidaridad y la cooperación que vaya ajustándose a las diversas dinámicas que tiene la región y, así, se organiza un encuentro de las organizaciones para configurar un espacio colectivo para repensar Centroamérica y una nueva forma de cooperar. Así surge la Taula Catalana per Centreamèrica.
Centroamérica es una compleja región con casos tan extremos como Nicaragua, por un lado, o Costa Rica en la otra cara de la moneda.
Nicaragua ya es un espacio completamente cerrado con riesgo de vida para los activistas y donde se expresan distintas formas de represión: desde la desnacionalización, por ejemplo, de la que yo soy víctima, al asesinato, la desaparición forzada, la prisión política, el expolio, la expropiación y el despojo de todo.
El caso de Costa Rica todavía no se configura como un espacio cerrado, sino como una democracia que hasta hace apenas 5 años era todavía sólida, pero que empieza a mostrar debilitamiento institucional y donde la autoridad presidencial empieza a cuestionar el aparato judicial y empezamos a ver elementos muy preocupantes en términos de esa configuración democrática que era histórica en Costa Rica. Eso es importante porque, en definitiva, es un lugar de numerosa población migrante refugiada centroamericana. Entonces, al debilitarse el espacio institucional en Costa Rica, se cuestiona también la protección para los y las defensoras de derechos humanos.
¿Cuáles son los objetivos inmediatos que tiene la Taula?
Utilizamos dos rutas: la primera es la ruta de las organizaciones configuradas acá en Catalunya y que tienen un trabajo de cooperación hacia Centroamérica, es decir, que tienen contrapartes centroamericanas que realizan un acompañamiento a defensores de derechos humanos, a organizaciones vinculadas al feminismo, a la incidencia política, al desarrollo y que tienen una retroalimentación de lo que pasa allá.
Pero la dinámica de represión ha configurado nuevos actores, que son las personas exiliadas, la diáspora y las personas en condición de desnacionalización, que ya empiezan a vivir en el Estado español y particularmente en Catalunya. Entonces, se trata de crear un espacio de acompañamiento a esta población para que pueda hacer incidencia desde acá a nivel de Catalunya, del Estado español y de la Unión Europea. La apuesta es crear condiciones para la defensa de los derechos humanos, crear condiciones para la búsqueda de la democracia y de la paz en la región.

¿Cuántos exiliados y cuántos refugiados nicaragüenses hay? ¿Cómo se ha llevado ese proceso de desnacionalización?
Hay 452 personas decretadas por una sentencia judicial como desnacionalizadas. Todos nuestros bienes fueron expropiados y todos nuestros derechos fueron conculcados a perpetuidad según la sentencia.
Pero no hablamos solo de ciertos sectores que aparecen en los medios, ciertos sectores que podríamos denominar élite, los que han sido desnacionalizados, expropiados de sus casas y de sus tierras sino también gente normal y corriente. Se habla que desde el 2018 alrededor del 13% de la población está fuera, ha tenido que salir del país, sea para proteger su vida y su libertad o para buscar oportunidades, porque las condiciones económicas del país también se han deteriorado a medida que el régimen se ha ido cerrando. El grueso de la población exiliada desde 2018 está en Costa Rica, y estamos hablando de más de 200 000 personas…
Solamente en Costa Rica…
Hay un número importante que todavía no tiene estatus migratorio en Costa Rica y que está esperando que se resuelva su condición migratoria. Sin embargo, hasta el año pasado, Costa Rica dejó de ser un refugio seguro para la población nicaragüense exiliada y sobre todo para quienes tenían perfiles elevados.
Por otro lado, si contamos a los nicaragüenses residentes en Costa Rica desde antes de 2018, migrantes económicos fundamentalmente, podemos hablar de 700.000 nicaragüenses en total en Costa Rica.
Me comentas que la salud democrática en el resto de países centroamericanos no es, precisamente, óptima…
En Nicaragua la población opositora tiene clara la necesidad de que haya unas elecciones para decidir el modelo político y hacer las reformas que correspondan en un marco de transición democrática. En El Salvador, sin embargo, tenemos que no toda la población está consciente de que hay un régimen de excepción que le ha limitado sus derechos civiles y políticos y cree que ese régimen les garantiza su seguridad. Entonces, ahí hay una disputa todavía por resolver. En Guatemala, la población, sobre todo la población indígena, siempre se ha sentido desvinculada del Estado guatemalteco por su incapacidad de producir políticas públicas para mejorar sus condiciones de vida. La corrupción ha penetrado tanto el sistema que no importa que el ejecutivo tenga voluntad democrática porque es el sistema judicial quien lo controla todo. La solución, pues, no es electoral, sino una reforma institucional que requiere de unos equilibrios políticos que todavía no se terminan de configurar. Por otra parte, en Honduras el Estado está carcomido por la corrupción, por el narcotráfico, por el crimen organizado y por una histórica dependencia política hacia Estados Unidos.
En el caso de Nicaragua, ¿cómo se produce ese control férreo de la sociedad por parte de la pareja Ortega-Murillo?
En primer lugar, desmantelando la sociedad civil. El régimen tiene el control absoluto del ejército de Nicaragua y de la policía y los ha subordinado para asegurar su permanencia en el poder. Es por la vía de la represión y la tortura que el régimen sigue en el poder, utilizando el aparato de inteligencia para asegurar el control social. Hoy, mi Nicaragua es Macondo: todo lo que a ellos se les ocurra lo hacen realidad.
¿En qué se ha convertido aquel partido, el FSLN, que lideró la revolución sandinista del 79?
Nada. No hay estructura política, no hay liderazgo. Es un régimen familiar que utiliza el poder de mando y ordeno; y el que no obedece, o está preso o está muerto o está desterrado. Simplemente las siglas, solo existen las siglas. Hasta aquí se ha llegado con mucha crueldad, con mucha saña, sin escrúpulos contra quienes hemos demandado democracia, respeto a los derechos humanos y justicia. Han expresado su crueldad hasta con su propia familia, con el asesinato de Humberto Ortega, con amigos muy cercanos, como el caso de Hugo Torres, y tantos otros muchos casos. Ese es el tipo de personas frente a las que estamos.

¿Y la presión internacional para la celebración de unas elecciones libres y supervisadas podría ser la solución?
El régimen no está dispuesto a aceptar ningún tipo de plebiscito. Ya lo han dicho. Por otro lado, conviene decir que para la salida democrática de Nicaragua hay una apuesta de algunos sectores de la derecha por la vía de una acción militar por parte de Estados Unidos. Sectores de izquierda o de centro están confrontados a esa apuesta porque ya sabemos lo que ha significado. Y lo estamos viendo hoy en Venezuela. El intervencionismo no es una apuesta por las grandes mayorías, no es una apuesta para erigir una institucionalidad y sí representa intereses económicos muy concretos.
En definitiva, se trata de valores y principios, porque si el liderazgo político se entiende como que los cambios se dan por el que tiene más poder o el que tiene el respaldo de la embajada o el que tiene el respaldo del gobierno norteamericano y no por el que tiene el respaldo mayoritario de la población de su país, entonces estamos entendiendo mal las cosas. Ese es el gran riesgo que tenemos hoy en la región.
En octubre la Taula per Centroamèrica celebrará unas jornadas de sensibilización sobre la región centroamericana…
Es muy importante para nosotros. Tenemos anualmente unas jornadas de sensibilización en Catalunya sobre lo que está pasando en Centroamérica. Este año se celebrarán entre el 13 y el 24 de octubre. Organizamos espacios monográficos de la región centroamericana donde defensores y defensoras de derechos humanos, periodistas, población migrante, la diáspora, los nacionalizados, las feministas y periodistas intercambian experiencias con las entidades catalanas y donde se reflexiona sobre el modelo de cooperación, sobre el acompañamiento, sobre la forma de protección y se actualiza el contexto regional porque Centroamérica es una región muy dinámica.
¿Querrías añadir algún caso que se nos haya pasado por alto?
Hay un tema que me inquieta mucho y es la cuestión de la protección para los adultos mayores, sobre todo los que han sido desnacionalizados y que vinieron a radicarse a Catalunya. A mí me robaron 20 años de cotizaciones a la seguridad social, pero puedo volver a empezar. Ellos no.