Lian Subirat Domènech: “La identidad es una construcción que una misma va levantando”

Lian Subirat Domènech: “La identidad es una construcción que una misma va levantando”

Texto: Sonia Potoy y J. Palomés 
Foto: Heura Molina

Ha estudiado Comunicación Audiovisual en la Universidad Pompeu Fabra y se ha formado en Literatura Infantil y Juvenil en la Universidad de Valencia. Ha colaborado en proyectos de educomunicació, comunicación en el campo social y comunitario como herramienta transformadora. Actualmente, y gracias al programa Acció Arrel 2025 de Dones Visuals, está desarrollando ‘Los tres vuelos’, un ambicioso proyecto audiovisual sobre las adopciones de niñas chinas en un recorrido introspectivo y participativo, a la vez.

Un documental sobre las adopciones visto con la mirada de las chicas adoptadas. Háblanos de este trabajo
Este proyecto es un documental participativo que trata sobre la construcción del “yo” con chicas adoptadas de China como únicas protagonistas, que han vivido y crecido toda su niñez aquí en Cataluña. Este sería el titular. Compartir la experiencia de la adopción, del ser adoptada, en todo su proceso vital, de niña, cuando te haces las primeras preguntas, cuando te planteas tu identidad de adolescente, si eres de aquí o eres de allá, cuáles son tus raíces y un montón de preguntas más con la necesidad de compartirlas y de charlar con otras chicas chinas adoptadas como yo. Es un camino, un proceso que quiero hacer acompañada y poder narrarlo a nivel audiovisual.

¿Cómo surgió la idea de este documental?
Quizás la curiosidad… Saber cómo han sido las infancias o estas experiencias vitales de las chicas adoptadas que han crecido aquí y como se ha desarrollado en cada una de ellas. Por ejemplo, yo tengo una hermana más pequeña, también adoptada de China, y cada una ve algunas cosas del proceso de adopción de manera diferente. No se puede hablar de experiencias homogéneas, iguales. Todas hemos vivido este camino existencial a su manera, está claro. Y todas tenemos nuestras propias preguntas que nos conciernen a todas, pero cada una prioriza determinados ámbitos que no tienen que ser los mismos.

¿Y cuáles son estas preguntas que os surgen?
Todas nosotros tenemos pequeñas obsesiones al iniciar estas búsquedas, al encontrar respuestas, de llenar vacíos… Hay casos que se fundamentan en un sentido físico por haber crecido en un entorno blanco, el sentirte diferente y así te percibe la gente, pero si vas a China o a Corea o a Japón eres una igual cuando paseas por la calle, pero cuando hablas con la gente se dan cuenta que no. Que no eres una de ellos. Otra compañera quería descubrir y trabajar la cuestión burocrática de la adopción. De adolescente ya quería entender como había ido el tema de la adopción y sus trámites, el tema económico, el coste de todo. Hay chicas que han sufrido bullying y casos de racismo y quieren eso… Hay muchos temas y cada una quiere investigar y profundizar en aquel que le interesa más. Pero, a la vez, quiere saber de todos los otros casos e inquietudes de las otras chicas…

¿Hay un denominador común entre vosotras?
Los procesos que hemos vivido son diferentes. Cada una prioriza las vivencias y experiencias que más han transformado su vida. ¿Un denominador común? Podría ser la ley del hijo único del gobierno de China que va desde el año 1979 al 2015, que es cuando se cierran las adopciones internacionales en China. Hay una franja demográfica de chicas chinas adoptadas –porque mayoritariamente somos chicas- que ya somos adultas y que hemos empezado a hacernos preguntas.

Entre 1995 y 2015 hubo casi 17.000 niñas chinas adoptadas en el Estado español…
Y en Cataluña en este espacio de tiempo hubo casi 4.000 niñas adoptadas. Entramos en una nueva visión de cómo se entiende la maternidad y la paternidad. Yo llegué a Tarragona ciudad el año 2000 y fui la primera. Había otra chica china adoptada en el Alt Camp. El boom en Cataluña fue en el 2001 hasta el 2005. Al fin y al cabo, somos consecuencia de una política de Estado, de la ley del hijo único, de la decisión del gobierno chino de reducir la población de este modo. Entender esto forma parte de nuestro pasado.

¿Cómo defines la identidad?
Pienso que la identidad se crea, a pesar de que, ciertamente, viene dada por el entorno, donde creces, por la escuela, la familia, el barrio… La identidad es una construcción que una misma va levantando. La memoria, las raíces, el pasado, la historia… es aquello con el que construyes la identidad, porque forma parte de tu vida, de tu pasado. Todas estas experiencias vividas por el lugar donde has nacido, por el lugar donde te has criado, la gente con la que te has rodeado, las cosas que te han enseñado…
También hay casos de chicas que rechazan su pasado y se definen en función de ese rechazo y lo que han dejado atrás. Hay chicas, por ejemplo, que no las atrae en absoluto la cultura china, que les es ajena. Yo cumplí mi primer año en China con mis padres, porque fueron allá a llenar el papeleo y resolver los trámites. No recuerdo nada, pues.

¿Cuándo se produce este interés vital para descubrir las raíces, aunque lejanas y desconocidas?
Hay mucha gente adoptada que ya adulta, o adolescente, decide hacer el viaje para descubrir las raíces. Yo también lo quiero hacer, pero más para ver cómo es la vida allá que para descubrir las raíces. A pesar de que, en nuestros casos, es muy difícil encontrar tu familia biológica. Pero, a veces, lo que se pretende es una aproximación cultural al país donde has nacido. No conozco a ninguna de las chicas chinas que hayan llegado a China y en este proceso de investigación hayan conocido un familiar. Pero en este hipotético caso, todas nos hacemos la pregunta: “¿Qué haríamos? ¿Cómo lo encajaríamos?”. Y cada una tiene su respuesta. En su caso, el de llegar a conocer familiares biológicos tuyos, alguna se puede plantear establecer vínculos, a pesar de que nunca han existido. Otras, no.

¿La identidad pasa por el conocimiento de los padres biológicos?
Para mí, la identidad no pasa por el conocimiento de los padres biológicos. No tengo esta necesidad. Pero sí que hay mucha gente adoptada que en este proceso de descubrimiento, definición e investigación interior tienen la curiosidad o la necesidad de conocer a los padres biológicos. Otra cuestión es el tema del nombre. A muchas de nosotras nos cambian el nombre. ¿Hay que preservar el nombre que te pusieron los padres biológicos? Es un tema que debatimos entre nosotras…
Hasta ahora, este fenómeno de la adopción había sido filtrado por los padres adoptantes, por las familias, porque eran ellos los interlocutores y los que hablaban sobre el tema. Ahora somos nosotras las que nos hacemos nuestras propias preguntas y damos nuestras propias respuestas.

¿Y cómo reaccionan los padres adoptantes cuando conocen vuestra decisión de indagar en vuestras raíces biológicas?
Hay padres que pueden experimentar temor que esto se produzca. O más que temor, angustia. No es mi caso, ni conozco casos entre los padres de las otras chicas chinas, pero estoy segura que hay padres que deben de experimentar esta sensación de miedo, de inseguridad. Por otro lado, a mí no me pasa por la cabeza que, por el hecho de conocer algún familiar biológico, o tu propia madre biológica, por ejemplo, tenga que significar un cambio en las relaciones con tus padres, aunque haya malas relaciones. ¡No tiene nada que ver una cosa con la otra!

Me hablabas que el racismo estará bien presente en este documental…
Hay chicas que han sufrido bulliyng y acoso escolar y, obviamente, es un aspecto que priorizan. Ya sabes, “la chinita” … Y todas hemos sufrido el “micro racismo”: en la calle, en la tienda, en la consulta del médico… No es violento ni agresivo, pero la suma de estos micro racismos resulta muy incómoda. De hecho, la pregunta “¿de dónde eres?” es el que me sirve como génesis del proyecto. De pequeña esta pregunta me hacía enojar mucho. Cuando tenía cinco, seis o diez años no entendía por qué la gente, los adultos quiero decir, en lugar de preguntarme, por curiosidad o por lo que fuera, “¿dónde has nacido?” me preguntaban “¿de dónde eres?”. Y esto me incordiaba mucho y ahora es el punto de inicio del documental. En este sentido, cuando se quiere explicar qué es un prejuicio, un estereotipo, conviene explicar que, en ocasiones, hay diferencias entre dónde naciste, de dónde eres y dónde vives. A mí, si me preguntas de dónde soy, yo respondo que, de Tarragona, está claro.

¿Hay aspectos que abordaréis en este trabajo y que puedan resultar controvertidos para vuestros padres?
Es cierto que, en ocasiones, el que yo pueda verbalizar sobre mis reflexiones sobre la adopción pueda herir a los padres, pero, en mi caso, no hay ningún tipo de resentimiento. De muy pequeña ya sabía que era adoptada, porque los padres me lo han ido diciendo y se ha hablado abiertamente.
Lo que quiero compartir en este proyecto audiovisual es que se pueda hablar de aquellos traumas escondidos que ahora, ya adultas, afloran. Se pondrán sobre la mesa cuestiones incómodas que afectarán a nuestras familias, porque estamos abriendo un melón y planteando cosas. No se trata de decir que todo ha ido muy bien, que no estamos traumatizadas en absoluto, sino que hay dolores profundos que se tienen que exteriorizar. No queremos hacer un documental sobre la relación con las familias. Este proyecto pretende reflexionar sobre las adopciones desde nuestra visión interna, existencial. Nadie habla de nosotras. Nosotras hablamos de nosotras mismas.
Muchas veces, todos estos interrogantes dependen de tu relación con tus padres y si has podido hablar estos temas en casa, que en mi caso sí se han hablado y muy abiertamente. Pero hay padres que no están preparados para hablar de esto. El planteamiento del documental no pretende en absoluto ser un ataque a las familias, pero, repito, hay padres que no están preparados para abordar esta cuestión y en casa no se habla, simplemente.

¿Por qué piensas que hay padres que no están preparados?
Hablo de la adopción, en general. En los procesos de adopción había muchas diferencias desde el punto de vista administrativo, burocrático, de permisos, de condiciones y requisitos según el país. En aquellos años se podía, incluso, escoger país. Pero sí te puedo decir que, en general, había poca información. Y también poca información sobre lo que pasaría después. Muchos padres se encontraban desorientados y por eso se crearon todas estas asociaciones de padres adoptantes, sesiones de acompañamiento, organización de encuentros… Curiosamente, ahora se están creando asociaciones de personas adoptadas, se están creando espacios de intercambio, de debate, de apoyo psicológico de chicas y chicos adoptados…
Como niña adoptada creo que la adopción o la acogida son herramientas para que niños y niñas puedan estar en una situación mejor de cuidados, de red, de bienestar. Es la prioridad y no debería haber ninguna otra. Son nuestros derechos. Cuando entra en juego la “necesidad” de ser padre o madre, tiene que quedar claro que ser padre o madre no es un derecho. Es un deseo, quizás una necesidad para alguien, pero nunca un derecho. Para mí, la adopción es una buena herramienta -a pesar de que en estos procesos de adopción hay cosas que se podrían mejorar- para dar una vida mejor a un niño, pero esto no tiene nada que ver con el deseo de ser padre o madre. Ser padre o madre no es un derecho.