
Por Sonia Potoy y J. Palomés
Luz Helena Ramírez Hache es madre, mujer migrante y colombiana, activista en defensa de los derechos humanos, investigadora social con formación en salud mental y acompañamiento a víctimas de violencia política y tiene un máster en Estudios Latinoamericanos. Es socia fundadora de la Asociación Migración y Economía Social y Solidaria (MigrESS), creada el 2017, y agregada al Círculo de migraciones y economía cooperativa del Ateneo Cooperativo de Barcelona –Coòpolis.
¿Qué es MigreESS y cuáles son sus objetivos?
A grandes rasgos, Migress es un espacio formativo para personas del ámbito del cooperativismo y la economía social y solidaria de la Red de Economía Solidaria de Cataluña (XES). Nace en 2016 en el marco de la primera edición del posgrado de Economía Social y Solidaria (ESS), cuando algunas participantes nos dimos cuenta de la carencia de diversidad de la ESS y de cómo a menudo las personas migrantes y racializadas quedan fuera de este circuito.
Hace dos años fuimos premiadas por el Ayuntamiento de Barcelona para diseñar una guía educativa dirigida al profesorado para abordar el antirracismo y que presentaremos este noviembre. Además, hacemos acompañamientos a equipos que quieran incorporar esta perspectiva antirracista a sus prácticas y también hacemos mucha incidencia política.
¿En qué consiste la economía social y solidaria?
La definición que más nos gusta es la que hace el investigador argentino José Luis Coraggio, todo un referente en el campo de la economía social. Él habla de “prácticas”. Más allá de una forma jurídica determinada, estas “prácticas” tienen que incluir, fundamentalmente, el antirracismo, el anticapitalismo y el feminismo, que pongan en el centro la vida y respetuosas con nuestro entorno.
Decías que las personas migrantes y racializadas tienen muy poca presencia en el ámbito de la economía social
El cooperativismo, según sus principios y su ideario, tendría que ser el espacio donde la perspectiva antirracista se pueda desarrollar y, así, ser un espacio de desarrollo laboral del sector migrante y de los sectores populares de la sociedad. Desgraciadamente, y debido a que todas las personas estamos socializadas en una estructura racista, en todas las entidades, incluyendo las cooperativas, se reproducen los estereotipos discriminatorios y la estructura laboral de la sociedad.
Tenemos que repensar el cooperativismo para que sea una herramienta de transformación de estas situaciones. Si pensamos en un país como Cataluña, que tiene un 16% o 17% de personas migradas, estas personas se encuentran infrarrepresentadas en las entidades vinculadas a la economía social y solidaria y en el tejido asociativo. La representación y presencia de las personas migradas en este sector es mínimo, mínimo.
¿Y cómo se puede revertir esta anomalía?
Nosotras planteamos una transformación de esto, y tenemos que incidir en esta transformación. Y por eso, primero hay que reconocer que existe el paternalismo, el asistencialismo, etc. y que reproducimos estos esquemas, estas jerarquías. Hace falta un ejercicio consciente y político y tenemos que utilizar las herramientas de las que disponemos para transformar esta estructura. El capitalismo se reproduce y se mantiene gracias a una estructura que hace que unos países puedan enriquecerse por la apropiación de los recursos naturales de otros países empobrecidos y, en consecuencia, la migración aporta al capitalismo un ejército de mano de obra casi sin derechos y en situación de total precariedad para ocuparse de trabajos precarios que nadie quiere. A partir del reconocimiento de la fuente de los procesos migratorios se puede luchar contra este modelo económico que reproduce estas lógicas.
¿Qué herramientas disponéis para afrontar esta discriminación?
Nos tenemos que cuestionar, por ejemplo, los procesos de selección de personal de las cooperativas, y cómo podemos incorporar a las plantillas personas migradas, cómo podemos enriquecer nuestras entidades con la incorporación de personas provenientes de contextos culturales diversos. Desde MigrESS, desde Coop57, qué es una cooperativa de servicios financieros, y desde el resto de entidades de la red de la que formamos parte, pretendemos denunciar todas estas dificultades y poder disponer de las herramientas diferenciales para acompañar estas estrategias.
¿Cuáles son las dificultades con las que se enfrentan las personas migradas que se acercan al mundo cooperativo?
Ante todo: cuando una persona llega con una situación administrativa irregular no tiene ningún derecho político. No tiene derecho a participar de ninguna forma. Así, desde el cooperativismo tenemos que luchar contra la ley de extranjería que vulnera los principios del cooperativismo, como por ejemplo la autoorganización y la autogestión.
Dicho esto, la principal dificultad, pero no la única, es el tema administrativo. Todo el entramado de extranjería es totalmente racista, clasista y patriarcal. Una persona para regularizar su situación, además de demostrar la “integración” -un término este que consideramos bastante problemático y ambiguo- tiene que contar con una oferta laboral de jornada completa por el salario mínimo interprofesional. Pero no solo esto: la carencia de acceso a la financiación para un proyecto económico determinado, la imposibilidad de poder capitalizar la prestación del paro o el desconocimiento de las propias leyes y su funcionamiento, hacen muy difícil que una persona migrante o un grupo de personas migrantes puedan sacar adelante una cooperativa.
Otro aspecto que quiero mencionar es que los proyectos económicos de personas migrantes y racializadas que están surgiendo, no solo en el régimen cooperativo, porque son los menos significativos, sino de asociaciones, se encuentran en sectores centrados básicamente en servicios, en cuidados y atención a personas que son ámbitos muy precarios. Se tendría que apostar por una política de contratación de personas migrantes racializadas en todos los ámbitos.
Hablas de una ley de extranjería totalmente racista y discriminatoria
Antes, quiero remarcar que no existe una crisis migratoria. Es una mentira. La narrativa falsa de que venimos a sacar los puestos de trabajo a la gente de aquí no es cierta. Hay numerosos estudios que lo desmienten. En momentos de crisis, se busca un chivo expiatorio y en estos tiempos es la migración. Ya hace unos años que estamos asistiendo a un endurecimiento de las políticas migratorias limitando los derechos de las personas migrantes y con discursos de criminalización de los derechos de los migrantes. Esta criminalización de la migración también se tiene que enmarcar en un concepto de clase, porque esta criminalización apunta a la migración precaria y empobrecida y no a aquella migración con más consistencia económica y que ahora está tan presente.
En el caso del Estado español, por ejemplo, el gobierno, que se denomina el más progresista de la historia, ha sido el que ha impulsado el pacto migratorio que, de facto, acaba con el derecho de asilo y que ha desarrollado todo tipo de políticas anti migratorias. En otros países europeos, paradójicamente, han sido los partidos Verdes los que han desarrollado las políticas anti migratorias. Estamos presenciando una derechización de todo el espectro político…

Además, la ultraderecha, en auge en toda Europa, y sus discursos de odio apuntan principalmente a los migrantes
¡Es un desastre! No estamos ni mucho menos en un momento propicio para las causas de los pueblos y las personas oprimidas precisamente por el aumento de las políticas, la narrativa y los discursos de la extrema derecha. Pero tenemos que confiar en las movilizaciones sociales. Partimos de la base que ¡la emigración es un derecho recogido en la Declaración Universal de los Derechos Humanos!
Al final, el Estado español tiene la ley de extranjería que necesita, puesto que es esta mano de obra migrante empobrecida la que se ocupa de todas aquellas tareas que la población local no cubre totalmente: el sector de la construcción, de la agricultura, de los cuidados y atención a las personas, que son principalmente mujeres migradas… Detrás de estos discursos de odio no hay otra cosa que la perversa criminalización del más débil de la cadena.
Hay que decir, sin embargo, que estos discursos de odio y antimigración no son exclusivos de la extrema derecha. El racismo se encuentra en todos los ámbitos. Ser feminista o cooperativista no te preserva del racismo. Toda lucha transformadora, sea el feminismo o lo que sea, tiene que ser antirracista. Nosotros proponemos la opción del antirracismo político. También nos preocupa mucho la fuerte irrupción de esta deriva identitaria en el ámbito catalán, con un componente profundamente islamófobo y que se ha iniciado en una zona geográfica como Ripoll que dispone de mucha mano de obra migrante, en los mataderos por ejemplo, y que tiene un claro objetivo económico de continuar encubriendo esta explotación.
Me hablabas de la presencia mayoritaria de mujeres migrantes en el sector de cuidados y atención a las personas donde estas trabajadoras son objeto del racismo estructural
La propia ley de extranjería es la principal causa de la precariedad en la que viven estas trabajadoras. Creemos que no es lo mismo si eres hombre o mujer en el fenómeno migratorio en cuanto a dificultades y condicionamientos. Denunciamos las formas específicas del racismo estructural que sufren las mujeres, como por ejemplo la pérdida de custodia de los hijos que formula la DGAIA que criminaliza a las madres migradas. Apoyamos a las mujeres que se dedican a la prostitución, porque la prostitución es una alternativa cuando no tienen otro camino y no podemos criminalizar a las mujeres que no ven otra manera de salir adelante; así, nos hacemos eco de sus reivindicaciones.
Por otro lado, ponemos en el centro lo que denominamos la cadena global de los cuidados, donde las mujeres de los países del capitalismo central han accedido masivamente al ámbito laboral, académico, dejando el cuidado de sus seres próximos, sean padres mayores, hijos pequeños o personas dependientes, a otras mujeres procedentes del sur global en condiciones de precariedad, que a su vez han dejado a cargo de otras mujeres, a menudo de su propia familia, sus criaturas y personas dependientes en su país. La lucha feminista, pues, tendría que incorporar esta perspectiva interseccional. Si estamos luchando por la dignificación de los cuidados tenemos que priorizar los derechos laborales de aquellas mujeres que se dedican a estos trabajos.
Este pasado mes de octubre organizasteis la Feria Migrante y Diversa. ¿En qué consiste?
¡Ya es la VI edición! La Feria Migrante y Diversa está organizada por el Círculo de Migraciones y Economía Social antirracista del cual formamos parte. Es una muestra de todas aquellas iniciativas que son la clave de la economía social y solidaria, huyendo de la mirada folclorista de la emigración. También pretendemos que estas iniciativas y proyectos puedan estar en la calle, sin temor a la policía, como, por ejemplo, el caso de los vendedores ambulantes u otras formulas que no tienen reconocimiento jurídico. Esta Feria no es solo una muestra de productos, sino también una reivindicación política para evidenciar cuáles son las aportaciones de toda la fuerza laboral y creativa de las personas migrantes y racializadas. Y lo hacemos con voz propia, en primera persona. En este espacio no hay ONG ni personas que trabajan con migrantes: son iniciativas de personas migrantes o mixtas donde las personas migrantes están en el centro de los espacios.