
Redacción REMP
Del 12 al 14 de junio se han celebrado las Jornadas Feministas Catalanas que, en esta ocasión, llevaban el nombre de “Feministas en Revuelta” y conmemoraban los 50 años de las “Primeras Jornadas Catalanas de la Mujer”, realizadas en 1976 en el Paraninfo de la Universidad de Barcelona, y a la que asistieron más de 4000 mujeres deseosas de recuperar las libertades que la dictadura franquista les había arrebatado durante casi 40 años.
Como ya es habitual, y organizadas por la Xarxa Feminista y Ca la Dona, en esta ocasión las jornadas contaron con la participación de más de 2500 mujeres, lesbianas y trans, y un amplio programa con más de 140 debates, talleres, exposiciones, representaciones y otras actividades culturales.
Entre los muchos debates que se dieron, queremos detenernos en el que realizaron varias organizaciones de periodistas y comunicadoras que, bajo el nombre de “Periodistas en Revuelta”, quisieron poner en valor el trabajo realizado por los diferentes colectivos de mujeres periodistas, desde el espacio más local al global, reivindicando las redes y alianzas necesarias para seguir avanzando.
Abrió el debate Alícia Oliver, coordinadora de la Red Europea de Mujeres Periodistas que inició su intervención con un reconocimiento a las profesionales de la comunicación y el periodismo, a lo largo de la historia, “y a las que estuvieron presentes, hace 50 años, en las Jornadas Catalanas de la Mujer, muy especialmente a Montserrat Minobis, que fue la primera presidenta de dos de las entidades que convocan, hoy, este acto”.
En su intervención presentó los resultados de una investigación sobre violencia digital hacia mujeres periodistas y comunicadoras en Cataluña y en la que se mostraba como el 73% de las periodistas encuestadas habían experimentado alguna forma de acoso en línea. Asimismo, se apuntaba al grave impacto sobre la salud de las mujeres y la autocensura que practican muchas de las afectadas, aspecto “que atenta contra la libertad de expresión y la democracia”.
Rejane Modesto, secretaria de Igualdad del Sindicato de Periodistas de Catalunya, manifestó que el periodismo, a nivel mundial, se enfrenta a una serie de obstáculos que ponen a prueba a los y las profesionales del sector. “El asesinato de periodistas ha logrado niveles impensables en los últimos años, especialmente causados por las diferentes guerras o por el genocidio en Gaza”.
Habló, también, sobre la situación de precariedad laboral de la profesión; la necesidad de unos horarios de trabajo más justos o los bajos salarios existentes, que oscilan entre “25.000 y 30.000 euros brutos al año”.
Cristina Pulido, de la Asociación Periodismo Feminista, editora de Diario Feminista, presentó una investigación sobre el tratamiento de las violencias machistas, ya que existe un desconocimiento sobre los diferentes tipos de violencias machistas recogidas en la ley catalana 17/2020, del 22 de diciembre, de modificación de la Ley 5/2008, del derecho de las mujeres a erradicar la violencia machista, “lo que genera que no se contextualice debidamente los diferentes tipos de violencia machista o incluso se invisibilice”.
Añadía que se siguen dando “ejemplos de noticias donde se revictimiza a las víctimas, supervivientes o a las personas que las apoyan siendo, la difamación, un uso conocido”. Y apuntaba también, la necesidad de mejorar los mecanismos de rectificación “para prevenir cualquier revictimización desde los medios, y en el supuesto de que lo hubiera, rectificar de una forma efectiva y rápida”.

Fabiola Llanos, presidenta de la Red Internacional de Mujeres Periodistas y Comunicadoras de Cataluña (Xidpic.cat por sus siglas en catalán), editora de La Independent, habló del trabajo en red y la dignidad laboral frente a la precariedad, exigiendo a las administraciones públicas una financiación y un reconocimiento digno, dejando claro que “medios y/o colectivos feministas como La Independent no son una secta marginal, sino un servicio público esencial para la democracia”.
Nombró una a una, a todas las periodistas y comunicadoras que han participado en el proyecto “para continuar ejerciendo la justicia histórica de nombrarnos, visibilizarnos mutuamente, transformando la profesión en un espacio de complicidad política, afecto y genealogía viva”. Y apostó por un periodismo de calidad como dique de contención frente al fascismo digital, que responda con rigor, denuncia y contenidos contrahegemónicos para cortar el paso a la extrema derecha. “El periodismo de investigación feminista es más indispensable que nunca”.
Edith Herrera, periodista mexicana residente por unos meses en Barcelona gracias al programa municipal “Barcelona protege periodistas de México”, explicó el contexto actual de guerras territoriales en el que se desenvuelven las periodistas a la hora de ejercer la profesión. “Estamos expuestas a ser amenazadas, torturadas, desaparecidas o asesinadas. Lo preocupante es que el gobierno perpetúa esta violencia al ser omiso a las denuncias de las víctimas. Y al no hacerse responsable de garantizar la seguridad y el derecho a la vida y a la libertad de expresión de todas las personas periodistas”.
E insistía en que no podían quedarse calladas y que “ejercer el periodismo feminista, en este momento, es crucial para romper el cerco informativo impuesto en México, para negar y ocultar la situación de crisis de derechos humanos que vivimos”.
Arlen Centeno, periodista nicaragüense acogida también en Barcelona por el Programa de Protección a Defensoras y Defensores de Derechos Humanos, iniciativa impulsada por la Generalitat de Catalunya y gestionada por la Comisión Catalana de Acción por el Refugio (CCAR), manifestó que las feministas nicaragüenses fueron las primeras en denunciar que en Nicaragua se estaba constituyendo una dictadura desde el retorno de Ortega al poder en 2007. “Un poder autoritario y represivo que se desenmascaró ante el mundo en 2018, donde arrebataron la vida a más de 300 personas; obligaron a pedir refugio en otros países a casi un millón de personas de una población de 7 millones; cerró más de 5000 organizaciones de la sociedad civil de las que hacían parte cooperantes españolas y catalanas, y ha dejado sin prensa independiente a casi todo el territorio nacional”.
Explicó que ya llevan un estado de emergencia permanente desde hace 8 años y que en estos tiempos de crisis y caos en todos los ámbitos de la vida “las feministas persistimos desde todos los frentes desafiando narrativas excluyentes que buscan borrarnos del relato social y convertirnos en víctimas pasivas”.
Finalmente, Karima Shujazada, periodista afgana residente en Barcelona desde la llegada de los talibanes al poder en 2021, explicó que la situación de las mujeres periodistas en Afganistán no puede entenderse sin conocer la situación de todas las mujeres afganas, ya que lo que viven no son restricciones aisladas, sino un sistema de exclusión total: un apartheid de género que debe ser visibilizado, documentado y denunciado por la comunidad periodística internacional.
Y añadió que “las mujeres periodistas afganas no necesitan compasión, sino redes de apoyo, protección y espacios para seguir informando. La solidaridad internacional debe traducirse en acciones concretas que garanticen que sus voces no sean silenciadas”.