
Sally S. Tayie, periodista i investigadora
En las bulliciosas calles de El Cairo, en los pueblos del Alto Egipto y en millones de pantallas de teléfonos inteligentes, las mujeres egipcias se desenvuelven en una sociedad que experimenta una rápida transformación digital. Son emprendedoras, educadoras, periodistas, cuidadoras, creadoras de contenido y líderes comunitarias. Su presencia en la vida pública es cada vez mayor y desempeñan un papel fundamental en el desarrollo social y económico de Egipto. Sin embargo, la visibilidad no siempre se traduce en empoderamiento.
A pesar de los importantes avances, muchas mujeres siguen enfrentándose a estereotipos profundamente arraigados sobre lo que deben hacer, cómo deben comportarse y a qué lugar pertenecen. Estos estereotipos ya no se transmiten únicamente a través de las estructuras sociales tradicionales, sino que se reproducen, amplifican y, en ocasiones, se utilizan como arma mediante los medios digitales.
Por ello, la alfabetización mediática e informacional (AMI) se ha convertido en mucho más que un concepto educativo. Para las mujeres egipcias de hoy, es un requisito indispensable para la participación, el empoderamiento y la capacidad de acción en la sociedad digital. En su esencia reside la búsqueda de la justicia mediática: la idea de que las mujeres deben estar representadas de manera justa, participar en igualdad de condiciones y desenvolverse con seguridad en los medios de comunicación y los entornos digitales. La justicia mediática no se limita al acceso a la información o la tecnología; se trata de la capacidad de reconocer los sesgos, cuestionar los estereotipos dañinos, protegerse de los peligros digitales y participar activamente en el debate público.
Durante décadas, el empoderamiento de las mujeres se centró en el acceso a la educación, el empleo y la participación política. Estos aspectos siguen siendo esenciales. Sin embargo, las tecnologías digitales han añadido una nueva dimensión: la capacidad de acceder, evaluar, crear y compartir información de forma crítica.
En Egipto, donde existen más de 51 millones de perfiles activos en redes sociales y el uso de internet sigue creciendo, las plataformas digitales se han convertido en espacios centrales para la comunicación, el aprendizaje, el comercio y la participación cívica. Sin embargo, las mujeres siguen teniendo menor visibilidad que los hombres en muchas plataformas, a pesar de representar casi la mitad de la población, especialmente en los espacios donde se configura el debate público.
Esto es importante porque los espacios digitales no son neutrales. Moldean las percepciones, refuerzan las normas e influyen en las oportunidades.
Hoy en día, las mujeres están expuestas a enormes flujos de información, pero también a la desinformación, la manipulación, el acoso en línea y las representaciones distorsionadas de los roles de género. A finales de 2025, el Observatorio Al-Azhar para la Lucha contra el Extremismo advirtió que la violencia digital se ha convertido en una de las formas de violencia de más rápido crecimiento que afectan a mujeres y niñas en la región. Informó que el 60% de las mujeres árabes usuarias de internet han sufrido algún tipo de violencia o acoso en línea, desde el ciberacoso y la difamación hasta la manipulación mediante deepfakes. Estas cifras ponen de manifiesto una realidad crucial: la participación digital debe ir acompañada de seguridad y concienciación digital.

Una joven que navega por las redes sociales puede encontrarse con consejos de salud engañosos, estándares de belleza dañinos, contenido generado por IA o narrativas que limitan las aspiraciones y los roles de las mujeres. El desafío no radica en el acceso a la información, sino en la capacidad de cuestionarla, interpretarla y evaluarla críticamente.
En aulas, lugares de trabajo y espacios en línea, las preguntas sobre desinformación, seguridad digital, inteligencia artificial y participación en línea se están volviendo cada vez más importantes en la vida cotidiana. El desafío actual no es simplemente la exposición a la información, sino la capacidad de navegarla de forma crítica y segura.
La solución no reside en restringir el acceso, sino en fortalecer las competencias
La alfabetización mediática e informacional (AMI) capacita a las mujeres para reconocer la desinformación, identificar representaciones sesgadas, verificar fuentes, comprender cómo los algoritmos influyen en lo que ven en línea y proteger su privacidad e identidad digital. Transforma a las personas de consumidoras pasivas de información en participantes activas del ecosistema digital.
En este sentido, la AMI puede entenderse como una forma de autodefensa digital. Permite a las mujeres no solo cuestionar la información, sino también navegar con seguridad en los espacios en línea, identificar contenido manipulador, reconocer el acoso coordinado y tomar decisiones informadas sobre su presencia digital. En lugar de retraerse de los espacios digitales, las mujeres pueden interactuar con ellos con mayor confianza y estrategia.
Es importante destacar que la alfabetización mediática e informacional (AMI) también impulsa el desarrollo económico. Esta conexión entre las competencias digitales y el empoderamiento se reconoce cada vez más en la visión de desarrollo más amplia de Egipto. La Estrategia Nacional para el Empoderamiento de las Mujeres Egipcias 2030 identifica el empoderamiento político, económico, social y de protección de las mujeres como pilares esenciales del desarrollo sostenible. Un aspecto central de esta visión es capacitar a las mujeres para que tomen decisiones informadas, amplíen su participación en la sociedad, desafíen las prácticas discriminatorias y desarrollen todo su potencial. En un mundo cada vez más digital, estos objetivos son inseparables de la capacidad de acceder a la información, evaluarla y utilizarla de forma crítica.
En todo Egipto, las mujeres utilizan cada vez más las plataformas digitales para comercializar productos, lanzar negocios, llegar a clientes y acceder a oportunidades profesionales. El emprendimiento digital ha abierto nuevas vías hacia la independencia financiera. Sin embargo, una participación significativa en la economía digital requiere la capacidad de evaluar las oportunidades en línea, detectar estafas, comprender la dinámica de las plataformas y gestionar los riesgos digitales. Por lo tanto, la alfabetización digital funciona no solo como protección, sino también como oportunidad.
Además, tiene una dimensión cívica. Las mujeres con alfabetización digital están mejor preparadas para participar en el debate público, cuestionar discursos discriminatorios y participar en discusiones que dan forma a sus comunidades. También son más capaces de reconocer y resistir la violencia digital, incluyendo el ciberacoso, el hostigamiento y formas sofisticadas de manipulación como los deepfakes.

Taller de Alfabetización Mediática e Informacional (AMI) para Mujeres de la UNESCO, El Cairo, Egipto. Fotografía de los organizadores del taller.
Esto es particularmente significativo en una región donde las mujeres contribuyen cada vez más al desarrollo económico, la innovación, la educación y la vida pública. La transformación digital amplía las oportunidades, pero solo para quienes están preparadas para desenvolverse en su complejidad.
La AMI, infraestructura oculta de empoderamiento
La alfabetización mediática e informacional representa, por lo tanto, una infraestructura oculta de empoderamiento. Si bien no es tan visible como la reforma económica o la inversión tecnológica, es fundamental para ambas. Sin ella, el acceso digital es insuficiente. Con ella, las mujeres adquieren la capacidad de desenvolverse en la complejidad, aprovechar las oportunidades y forjar su propio futuro.
A medida que Egipto continúa su transformación digital, la alfabetización mediática e informacional ya no debe considerarse una habilidad opcional. Forma parte de la infraestructura misma del empoderamiento.
Porque detrás de cada decisión en línea —cada publicación compartida, cada búsqueda, cada momento de duda sobre qué es verdadero o falso— hay una mujer que intenta comprender un mundo en constante cambio mientras protege su lugar en él.
Una mujer educada puede acceder a la información. Una mujer alfabetizada en medios e información puede cuestionarla, interpretarla y utilizarla para ampliar sus posibilidades y las de quienes la rodean.
En una era definida por la información, el empoderamiento depende no solo de estar conectado, sino también de poder pensar libremente dentro de esa conexión.