Género y reforma política en Siria tras Al Assad: ¿hay una participación real de las mujeres?

Género y reforma política en Siria tras Al Assad: ¿hay una participación real de las mujeres?

Lana Kazkaz, periodista
Foto: Lina Alhafez. Damasco, Plaza Hijaz, 15 de diciembre de 2024.

Durante medio siglo, mujeres sirias valientes se situaron en el centro de la escena política y social, desafiando las restricciones culturales y el dominio masculino que históricamente limitó sus roles.

Una de las pioneras fue Thuraya Al-Hafez, educadora y activista que en los años 50 irrumpió en el Parlamento sirio con un discurso claro a favor de los derechos de las mujeres y su participación en el espacio público. Su presencia fue un acto revolucionario en una estructura política dominada por hombres.

Más adelante, se destacó Najah Al-Attar, primera ministra de Cultura, quien, a pesar de haber sido nombrada bajo el régimen baazista, representó una excepción en un sistema que rara vez veía a las mujeres como figuras de poder. También es imprescindible mencionar a Fadwa Suleiman, actriz y opositora, cuya participación en las protestas al inicio de la revolución la convirtió en un símbolo del vínculo entre la lucha por la libertad y la justicia de género.

Estas historias son testimonio de que las mujeres sirias nunca han estado ausentes del proceso político, aunque su visibilidad haya sido muchas veces reducida a casos aislados o simbólicos, dentro de un sistema rígido en sus jerarquías y roles de género.

Hoy, con la huida de Bashar al-Assad en diciembre de 2024, Siria enfrenta una coyuntura crítica para reconstruir su Estado y rediseñar sus instituciones. La gran incógnita: ¿formarán parte las mujeres de este proceso de transformación política? ¿O seguirán siendo excluidas de los espacios de toma de decisiones?

La actual administración de transición, presidida por Ahmad al-Shar’a, cuenta con 23 ministerios. De ellos, sólo uno está liderado por una mujer. Este dato, más allá de lo numérico, refleja una continuidad en la exclusión estructural de las mujeres en el poder político, a pesar del rol vital que desempeñaron durante años de guerra, activismo, ayuda humanitaria y resistencia social.

Durante el conflicto, las mujeres sirias organizaron protestas, ofrecieron atención médica, documentaron violaciones a los derechos humanos y construyeron redes de apoyo para personas desplazadas. Sin embargo, esas contribuciones no se han traducido en una representación política tangible. La toma de decisiones sigue concentrada en manos masculinas, incluso tras el supuesto «cambio» de régimen.

En el exterior —particularmente en la diáspora siria en Europa, Turquía y Líbano— muchas mujeres han alcanzado posiciones de liderazgo en política, organizaciones de derechos humanos, iniciativas sociales, y en ámbitos académicos y culturales. Han demostrado capacidad, visión y una influencia significativa tanto en temas sirios como en las comunidades que las acogen.

Entonces, surge la pregunta inevitable: si las mujeres de la diáspora pueden liderar movimientos, construir instituciones y participar activamente en la toma de decisiones, ¿por qué no se repite este éxito dentro de Siria? ¿Qué barreras siguen impidiendo que las mujeres se integren de forma plena en la política nacional?

Las respuestas son múltiples y complejas. Incluyen tradiciones sociales arraigadas, estructuras de poder excluyentes, y una falta de voluntad real —interna y externa— para aplicar reformas que garanticen igualdad sustantiva. Pero, sin la participación de las mujeres en la reconstrucción del país, el proceso seguirá siendo incompleto, y los anhelos de justicia social permanecerán insatisfechos.

Por otro lado, cuestiones como la reforma del derecho de familia —que discrimina abiertamente a las mujeres— o la garantía de sus derechos económicos y sociales, siguen postergadas o descartadas como prioridades secundarias frente a agendas centradas en la seguridad y la estabilidad.

La verdadera pregunta es: ¿será el cambio político en Siria una transformación radical que cuestione las estructuras de poder existentes, o simplemente un recambio superficial que deja intacto el modelo excluyente?

Construir una nueva Siria exige mucho más que el fin de un régimen autoritario. Requiere desmantelar los mecanismos que históricamente han marginado a la mitad de la población. Las mujeres no pueden ser vistas como una cuota simbólica, sino como actores fundamentales con experiencias, saberes y propuestas imprescindibles para un proyecto de país inclusivo y justo.